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  #21  
Antiguo 24/12/2016, 13:34
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JLL JLL no está en línea
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Bienvenido y enhorabuena.

Precioso targa!
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  #22  
Antiguo 24/12/2016, 15:18
Avatar de Bauti
Bauti Bauti no está en línea
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Bienvenido y enhorabuena por esa preciosidad de coche "Rojo".
Ahh... muy bonitas fotos.
Que lo disfrutes y Feliz Navidad.

Saludos,
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  #23  
Antiguo 24/12/2016, 18:15
Avatar de JVOCarreraS
JVOCarreraS JVOCarreraS no está en línea
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Qué bonito. Enhorabuena y que lo disfrutes con salud


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  #24  
Antiguo 24/12/2016, 18:58
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Porschemeister Porschemeister no está en línea
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Madre mía 1966 que ejemplar de 964! Targa y 4, Guards Red y espero que manual...creo que es el 964 más bonito que he visto
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  #25  
Antiguo 24/12/2016, 20:03
1966 1966 no está en línea
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Lo prometido es deuda. Solucionadas mis limitaciones para compartir con todos Ustedes estas líneas, al final he optado por sintetizar para hacérselas llegar de una sola pieza. Esta presentación sale de la pasión que siento por esta marca. Les pido, por ello, que sea leída con indulgencia.

Soy usuario, “en modo oyente”, de este foro desde hace casi año y medio año. ¿Y porque presentarse ahora?. Por dos razones. La primera y fundamental, para saldar una deuda de gratitud para con este espacio. Mi relación con mi 911 no hubiera sido la misma, de no haber contado con las impresiones, los consejos y la sabiduría de muchos foreros. ¿Qué propietario primerizo de un “aircooled” no ha pasado más de una noche en vela tratando de llegar a entender cómo se mide correctamente el nivel del aceite?. No es lo mismo enfrentarse a ésta y otras tantas peculiaridades de estas máquinas a solas, delante de un frio manual de usuario, que sentirte arropado por la experiencia y, sobre todo, por la pasión y las ganas de ayudar de muchos Porschistas, que en estos tres años se han convertido para mí en toda una referencia.

La segunda es que durante el puente de primeros de diciembre, he tenido un momento de tranquilidad para ponerme a redactar unas notas acerca de momentos, recuerdos y experiencias de una pasión que me ha acompañado siempre, y créanme que no es fácil. Pero hecho está, así que vamos allá.

Les saludo desde Cantabria, en concreto desde su interior, en una zona que se conoce como los “Valles Pasiegos”, un enclave privilegiado por sus paisajes, y también por sus carreteras: puertos de montaña, carreteras de segundo orden, empeñadas en abrirse paso ante cualquier tipo de accidente orográfico que se ponga por delante, poco transitadas y que despertaron en mi la pasión por los automóviles. Porque llegado a la cincuentena, todavía hay mañanas que me sorprendo cogiendo el coche como si fuera la primera vez, como si no existieran el millón largo de kilómetros que llevo a las espaldas. Y es que todavía tengo presente el tintineo del llavero del coche de mi padre, que me hacía saltar de mi cuarto y, como perro cuando oye que su amo coge la correa para salir a pasear, yo me dejaba caer por la entrada de la casa para oír las palabras mágicas: “Voy a ver a tu abuela, ¿vienes?”. Mi padre, de los de la vieja escuela, sabía que para mí era una fiesta colarme en el interminable asiento trasero de aquel Mercedes 220 SE colas del ‘65 y situarme entre los dos asientos delanteros para observar, sin perder detalle, como aquella mole se ponía en movimiento, mientras que él, con una mano insertaba las marchas con la palanca de cambios que salía de la columna de la dirección, y con la otra sostenía el sempiterno Ducados. Y en la media hora de trayecto, no nos decíamos nada, no hacía falta, porque él también disfrutaba conduciendo y nada ni nadie podía distraernos de nuestra mutua pasión.

No había cumpleaños o día de Reyes sin que me cayera un coche en miniatura, otro para el scalextric… o un Porsche 928 plateado teledirigido del fabricante de juguetes “Rico”.



Mi primer Porsche. Lo recuerdo desplazándose por el pasillo de mi casa, subiendo y bajando las luces, para adelante y para atrás, zigzagueando… hasta que el mecanismo que hacía mover el cable de la dirección dijo basta a mis volantazos y aquella pieza de plástico situada debajo del volante del mando se rompió por la mitad. Cuál sería mi cara de decepción que mi padre se pasó toda la tarde de Reyes intentando arreglar aquel desastre, pero no hubo manera. Hasta que dos días más tarde se presentó en casa con la misma pieza pero en metal. Ahora me pregunto dónde demonios consiguió que aquella pieza de plástico la mecanizasen para poder así soportar la fuerza del cable. Han pasado casi cuarenta años, pero no he olvidado su cara de satisfacción cuando me vio de nuevo jugar y que aquel pasillo se llenara de nuevo del sonido del motor eléctrico de mi “928” y de las ráfagas de sus faros. Años más tarde me he visto en la misma situación, removiendo Roma con Santiago para tratar de arreglar ese juguete que puse a mi hijo en la noche de Reyes y que incompresiblemente dejó de funcionar nada más estrenarlo. Y solo entonces he podido comprender lo que sintió aquel hombre de pocas palabras, al ver cómo aquel coche recobraba la vida y así, verme sonreír de nuevo.

Pero lo mejor estaba por llegar. Y de qué forma. Recién cumplidos los 13 años, un 15 de julio de 1979 me subí por primera vez a un Porsche de verdad. La exactitud del día resulta de la fecha del entierro de mi tía-abuela “Toña”, que a sus noventa años dijo basta a consagrar su vida a la soltería y a tanto rosario y misa diaria. Ninguno de mis hermanos quiso ir al entierro, pero yo sí y la razón la pueden intuir: había viaje. Del Hospital donde falleció al cementerio del pueblo. Así que me resbalé sobre el eskay del asiento trasero del “colas” y nos acercamos al depósito de cadáveres, que ahora llamamos tanatorio. Nos bajamos y antes de formar la comitiva fúnebre, pude ver a un primo de mi madre, al que todos llamábamos tío porque estaba forrado, y cuyo gusto por los coches era conocida por toda la familia, puesto a las claras con aquel 450 SEL plateado que lograba dejarme boquiabierto, por lo que me pegué a él como si fuera su sombra. Y tan estrecho marcaje tuvo su recompensa: en el aparcamiento, entre un Seat 1500 y un Dodge Dart, apenas despuntaba un flamante Porsche 911 SC “targa” de color rojo, del que no tenía conocimiento, ya que se lo habían entregado en Madrid justo el día anterior. Fue arrancarlo y una nube de parientes arremolinarse ante aquella máquina. A nadie le importaba un pimiento el final de la tía Toña, pero si la recompensa de asistir a tan tedioso entierro era un viaje en un 911, pues genial. Pero a pesar de los elogios del resto de tíos, primos y demás familia, el que estaba destinado a seguir al coche fúnebre en el asiento del copiloto de aquel Porsche era yo. El recuerdo que todavía guardo al subirme a aquel 911 fue su olor. Ese olor especial mezcla de qué se yo que, pero inconfundible hasta el punto que la segunda vez que me subí a un Porsche (el que actualmente poseo), treinta y tantos años después, pude percibir ese idéntico aroma (para mí lo es).



De aquel primer viaje también recuerdo mi frustración: circular con semejante aparato a 40 km/h cerrando la comitiva fúnebre tenía su gracia, visto ahora, claro. Pero el primo de mi madre, mi tío, no estaba dispuesto a semejante presentación en sociedad, por lo que a mitad de trayecto, no sé muy bien si de veras o como excusa exclamó: “uff, se está calentando mucho”. Y visto y no visto. Desde el final de la comitiva adelantó de una vez a todos los coches, fúnebre incluido, mientras mi estomago se encajaba en mi garganta y por mis oídos entraba otra seña de identidad de aquella maquina: un sonido grave, desconcertante y atronador que se incrementaba al circular por la carretera que discurría pegada a la garganta del rio, sin el techo plegable y libres, al fin, de la caravana mortuoria. Esta mañana, de vuelta de la sesión de fotos, he realizado parte del mismo trayecto con mi 911, y les puedo asegurar que aquel sonido que recordaba se reproduce de igual forma.



Y así pasaron los años, y no volví a subir a un Porsche, pero el virus “nueveonce” estaba inoculado en mi organismo y no había nada que hacer. Y a pesar de que mensualmente me suministraba el antídoto en forma de número de la revista “AUTOMOVIL”, en realidad leer esta magnífica publicación ponía las cosas peor. Y es que me tengo que referir a dos números concretos que aún todavía conservo: el diciembre de 1989, un especial monográfico dedicado a Porsche (con dada menos que el 959 y el Speedster), en la que aparece una alucinante cruzada de un 930 en plena sierra Madrileña arrancando pedazos de asfalto de los de antes, pero, por encima de todo, la prueba del 964 carrera 4: Los comentarios y fotografías supusieron un flechazo inmediato, aunque haya tardado veinticuatro años en materializarse. Recuerdo y recomiendo también, el número de julio de 1990, en la que se hace una comparativa entre el 964 C4 y el 964 C2. Sus comentarios sobre la eterna discusión entre la tracción integral y la trasera merecen la pena. Estos dos ejemplares pusieron en el centro de la diana de mis obsesiones a una unidad concreta del universo nueveonce: el 964 y en su variante targa.



No quiero hacer más larga esta presentación, ya que lo más importante de la misma no es el propietario, sino su montura, y por supuesto las fotos. Por eso doy un salto en el tiempo hasta el 2013. En ese tiempo jamás había pensado en la posibilidad real de hacerme con un 911, pero siempre conservaba esa ilusión de que algún día podría ver ese sueño cumplido. El vil metal estaba destinado a pagar otras cosas y más necesarias que un capricho de adolescente.

Pero una mañana de mayo de 2013 recibo la llamada de un amigo, de esos con los que te vas a tomar una cerveza, y con el que no es necesario hablar de nada porque ya está todo dicho, y me comenta murmullando:

“Hay un 964… haciéndole cuatro cosas quedaría perfecto… viene de una herencia… y con esto de la crisis los herederos quieren hacerlo dinero ya… es tu coche… y encima es un TARGA” (lo pongo en mayúsculas, porque se sabía de memoria la historia del entierro a base de habérsela contado un millón de veces).

Mi respuesta: estás loco… con todo lo que tengo encima… Tú no te has enterado de la crisis que hay en este país… ya habrá otra oportunidad. ¿Otra oportunidad?, me contesta… “toda la vida te has pasado hablando de que algún día comprarías un 911 y ese día ha llegado”… “ya hablaremos”.

Al día siguiente recibo un correo suyo con las fotos del coche. Qué buena pinta tenía el cabrón. Además targa y rojo como aquel SC. Pero no puede ser, me repetía. Con esta maldita crisis no están las cosas para Porsches. Pero contesto al correo: ”¿Cuánto piden?”. La respuesta no pudo ser más fría. “Ya está vendido”. He de confesar que me quedé contrariado, porque el virus que se había inoculado en mi cuerpo allá por 1979 se había activado de nuevo. Y como aquel que toma un ibuprofeno cuando la fiebre sube, me pasé el resto del día pegado a la pantalla del ordenador tirando de Autoscout y Mobile con una sola búsqueda: Porsche 964 Targa, lo cual fue un error, ya que solamente sirvió para darme cuenta que había dejado escapar una magnífica oportunidad.

Pasaron dos semanas, y recibo una nueva llamada de mi amigo: “Vamos a dar una vuelta, te invito a comer”. Eso está hecho. Una botella de Ribera y un par de gintonics fueron suficientes para que en la sobremesa me soltase la bomba: “He entregado, en tu nombre, una señal de 5.000,00 € por el 964 del que te hablé”… ”y en cuatro o cinco días estará en Cantabria”… ”así que prepara el resto del precio porque si no pierdo la señal”… ”y no te preocupes, en tu casa están al tanto y la jefa ha dado el ok”. “Pero no me dijiste que estaba vendido”, le espeté, pero su pícara sonrisa me hizo caer en la cuenta de que todo estaba atado y bien atado desde el principio. No se pueden imaginar que mezcla de alivio y alegría experimenté. Lo que tenía que ser, tenía que ser, y no pude hacer otra cosa que levantarme y abrazar a quien había dado un pequeño empujón al destino para que se cumpliera aquel sueño de un niño de trece años, justo en el momento más complicado de su vida.

No sé si soy el primero que compra un Porsche sin verlo en vivo, ni probarlo antes, pero el caso es que les puedo asegurar que no habido compra que me haya dado tantas satisfacciones. En tres años y medio he rodado con él 6.795 kms. No son muchos, pero les aseguro que puedo rendir cuentas de cada uno de ellos, porque tengo cada kilómetro recorrido grabado en mi memoria.
Vamos, por tanto, a los fríos datos, que intercalaré con unas fotos que he tomado durante estos primeros días de diciembre:

Modelo: 964 carrera 4. Carrocería targa. Color rojo (guards red – L80K). Según los datos que manejo del 964, con carrocería targa se fabricaron 4.863 unidades, de las que 1.329 lo fueron con transmisión a las cuatro ruedas, cifras que hasta que no sean confirmadas por 1969carrera (se le saluda D. Josep) tómenlas como provisionales.



El coche es de la serie que los entendidos llaman “model year 1991”, es decir, tiene la letra “M” en su número de chasis, unidades que se comenzaron a fabricar a en los primeros días de agosto de 1990. En concreto, la que os estoy presentando es de las primeras unidades fabricadas, ya que se matriculó en España el 23 de agosto de 1990, con placa turística.



Hasta el año 1997 no pasó a tener la matrícula ordinaria provincial, sin embargo, en el año 2001 la sustituyeron por las nuevas placas alfanuméricas. La verdad es que no soportaba verlas en mi 911, y con el fin de recuperar la matrícula provincial (aunque no fuera del año exacto en que se matriculó en España), este verano he tramitado su catalogación como histórico, también para evitar lo más posible otra cosa que tampoco soporto: pasar la ITV a un Porsche con tracción total.



El coche me lo entregaron con 80.473 km, kilometraje que coinciden con los que van apareciendo en las sucesivas revisiones que hay reflejadas en el libro y en los sellos de las inspecciones de la ITV. Cuando se realizó la inspección el especialista comentó que el kilometraje se correspondía, en términos generales, con el estado que presentaba el coche.



Como he dicho más arriba he rodado 6.795 kms, por lo que actualmente tiene 87.268 kms. Suelo dar una vuelta dos veces al mes, por recorridos más o menos fijos, de entre 90 y 120 kms.




Uso el coche como si fuera una moto: sólo con buen tiempo y por supuesto, sin techo, para mí la mejor terapia que existe para desconectar después de una dura semana de trabajo. Y cuando digo buen tiempo me refiero soleado, no importa si hace calor o frio. Si la temperatura es baja la potente calefacción te protege, creando una agradable sensación cuando se mezcla con el aire frio, que es más denso. Por eso, en otoño/primavera es la mejor época para disfrutarlo.





Mi forma de conducirlo: más o menos sobre 70% del potencial del coche. A partir de ahí las cosas empiezan a suceder demasiado deprisa para poder ser asimiladas por mis limitadas dotes al volante, aunque de vez en cuando haya picos entre las 5.000 y las 6.700 rpm (ya saben de lo que les hablo).







Como buena bestia parda que es, de diciembre a abril, hiberna. En garaje, por supuesto, con su funda transpirable, subido a borriquetas, ruedas y batería fuera, encerado, depósito lleno, y selladas la salida de escape y admisión de aire. Y se despierta del letargo con tan solo dar media vuelta al contacto.






Eso no significa que me olvide de él. No hay fin de semana, o incluso entre semana, que vaya a terapia… simplemente con quitar la funda y verlo es suficiente.







Qué destacaría de él: Todo. Desde lo más intangible, como el olor, su sonido o ese chasquido cuando abres la puerta… a sus cualidades dinámicas… y como no, su fantástico motor (a partir de las 4.000 es una bestia)






Como he comentado, sólo le he conducido sobre asfalto seco y no puedo hablar de su tracción total en climatología adversa, pero transito frecuentemente por carreteras secundarias con asfalto ondulado y deteriorado, en los que es una auténtica lapa. Parece que vas enganchado a un cable, y ya sea en cambios de rasantes, revueltas, curvas mal peraltadas… siempre sale airoso de todas las trampas, provocando al conductor esa media sonrisa de satisfacción que todos los propietarios del 964 llevamos siempre.





Ajustes perfectos, ni un ruido interior…materiales de primera calidad. Y hasta resulta que es cómodo. Y lo que absolutamente no tiene precio (como en el anuncio de la tarjeta) son esas dos cañoneras situadas a cada lado que te hacen sentir como el mismísimo Ben-Hur sujetando las bridas de su Cuadriga.





Mantenimiento e incidencias. En estos tres años, se le han hecho dos cambios de aceite (Castrol 5-40W Sport), y se le cambiaron las tapas de balancines para eliminar unas gotitas de aceite que se formaban donde van las tuercas que las sujetan, según mi mecánico más necesaria para el estado psicológico del dueño que para el propio coche (en Cantabria no tenemos C.O.Porsche así que nos buscamos la vida con los buenos profesionales que hay por aquí).





A nivel exterior: Las llantas se han restaurado. Se han pintado las defensas delantera, la trasera y las taloneras. También el arco central con su característica pintura “negra mate”. El resto de la carrocería, pulida. Se eliminó una burbuja de oxido que había en el marco del parabrisas delantero. Como para dejarlo en condiciones había que retirar la luna, e inevitablemente se rompería, se sustituyó por una nueva ya que tenía un chinazo en la zona de visión del conductor.





Techo targa. Estaba bastante entero, pero se le repasaron los vierteaguas a los que se suele saltar la pintura de meterlo y sacarlo del maletero. Se tintó la tela interior en negro para dejarlo como nuevo. Con el techo puesto he circulado un par de veces y que quieren que les diga: No hay color frente a la sensación que supone ir al aire libre. Tengo la suerte de tener espacio de sobra para dejarlo desplegado dentro de una caja de una tele de plasma, que parece que está hecha a su medida, ya que cuando salgo ni tan siquiera la llevo en el maletero. Si alguien está buscando un 964, le diría que el uso que le vaya a dar es muy importante a la hora de decirse por la versión targa o la práctica carrocería coupe, porque estética y gustos aparte, al targa no lo veo para un uso diario, rodando por autovía o metido en atascos tragándose los humos de los demás. Ahora bien, para un uso lúdico es una auténtica delicia.




Defectos. Los hay, ¿y?. Hablando en serio, hay un par de cosas y no son culpa del coche. La primera es que siempre que lo cojo, me digo: hoy es el día en que va a fallar algo. No puedo olvidarme que es un coche de más de 25 años con bastante electrónica y de aquella época… por eso cuando regresó al garaje sano y salvo, después de una hora en la que no te ha dado más que satisfacciones, pienso que me he vuelto un paranoico. Y es que estar leyendo este foro todo el santo día tampoco es bueno, ya que lo primero que se te viene a la cabeza cuando arrancas es: cuando me tocará “el árbol de navidad”, o la megafuga de aceite… porque si a otros les ha pasado… pero bueno, también gracias este espacio estoy preparado y concienciado para cualquier incidencia que, seguro, acabará presentándose.





La segunda: Las cotizaciones. Esta escalada de precios me parece una locura, y aunque no sigo al minuto las desorbitadas pujas de las “pijosubastas”, creo que la cosa se ha salido de quicio. Y quieran que no a uno le afecta. Hasta el punto que acabas viendo un objeto que debería servir para tu disfrute, convertido en el seguro de tu jubilación. Y entonces ya no lo conduces igual, o estas con el corazón en un puño hasta que ese “amigo experto” que te ha pedido dar una vuelta, deja de dar acelerones y frenazos sin ton ni son, “porque los 911 están hechos para eso”, y nunca encuentras sitio para aparcar aunque te encuentres en mitad de un páramo del norte de Burgos. Y no nos engañemos, al final si tenemos que vender, siempre pasa lo mismo: no nos van a dar, ni con mucho las “cotizaciones Essen”, que dicho sea de paso, y como decía mi abuela (de dinero y santidad, la mitad de la mitad), me parece a mí que salvo una docena de unidades destinadas a coleccionistas, pues eso, la mitad de la mitad.





Termino con un par de comentarios. Para futuros compradores de un Porsche 964: A pesar de todo lo que hayan oído, el 964 es un buen automóvil. Yo diría que un magnifico deportivo y digno de llevar el apellido Porsche. Tengan en cuenta que es de los últimos, sino el último, que se fabricó a la manera tradicional de las marcas alemanas de prestigio: se desarrollaba el coche conforme a una idea y unos estándares dinámicos y de calidad, y luego su costo de producción determinaba su precio, al contrario de lo que hacen ahora: fijan un precio de venta y a partir de ahí se calculan los costes de producción. Y aunque pueda parecer lo mismo, no lo es. Qué pasó con el 964: que no se hicieron bien las cuentas, de ahí su corta vida (cuatro años largos). Cuentan las malas lenguas que los consejos de administración de la marca de principios de los noventa eran de lo más moviditos, ya que los cabreados accionistas suevos pedían explicaciones a los directivos de cómo era posible que después del pastizal que se gastaron en desarrollar el coche, costaba Dios y ayuda vender uno. Y aunque los directivos jurasen y perjurasen que el 85% del coche era nuevo, en realidad el potencial comprador (sobre todo en EE UU) lo que veía era el mismo coche de hace 25 años solo que sensiblemente más caro, por lo que aprendida la lección se decidió cambiarlo todo, hasta su intocable frontal, para que haciendo buena la vieja fórmula lampedusiana de que “todo cambie para que todo siga igual”, se desarrollase sin perder un minuto un nuevo modelo, eso sí, pero sin pasarse de la raya del presupuesto marcado por el departamento financiero. Pero esa es otra historia que se llama 993.






Y a los vendedores de un 964. Si no les ha dado nada más que satisfacciones, no se desprendan de él. Conozco a un feliz propietario de un 997.2 S, PDK y demás letras del abecedario, que está encantado con tan soberbio aparato, pero que no hace otra cosa que hablar de su querido 964, que vendió para entrar en la posmodernidad de los cambios robotizados. Nostalgia de la que estoy encantado ya que siempre que coincidimos me pide un cambio de montura, por eso de rememorar viejos tiempos, lo que me permite darle a las levas de lo lindo, ya que eso de bajar dos o tres marchas de golpe, como se dice ahora, mola.

Si han llegado hasta aquí, les agradezco su paciencia, y pido disculpas por cualquier dato, cifra, o valoración errónea que haya podido verter en esta presentación, al igual que si algún comentario no ha sido de su agrado. Ha sido un placer ponerme a disposición de todos ustedes.

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  #26  
Antiguo 24/12/2016, 20:15
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  #27  
Antiguo 25/12/2016, 00:55
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Gran presentación 1966!!

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  #28  
Antiguo 25/12/2016, 00:57
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Fantástico relato para un targa de 10! Mi más sincera enhorabuena.

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  #29  
Antiguo 25/12/2016, 02:42
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Muy bonito el relato 1966.

De los dos peros que pones, del primero nunca he tenido esa sensación de fragilidad. Al contrario, considero el 964 un coche muy duro y fiable. Especialmente el motor. La única cosa que muchos coinciden en que da problemas es el AC, aunque en mi caso por fortuna siempre ha funcionado perfectamente.
Respecto al segundo punto, el de la valoración, es verdad que puede condicionar. Pero un buen seguro a valor de mercado ayuda a perder el miedo a un percance. Aunque si la cosa va de no hacerle kms, más en tu caso al ser un under 100k, el tema ya es más complicado. Si lo ves como inversión te dolerá cada km que le hagas, y eso no es plan. Además la tasación futura es incierta con todo esto de las prohibiciones de circulación para vehículos contaminantes. Ya veremos donde nos lleva todo esto.

En cuanto al núm de uds fabricadas Targa C4 a mi también me coincide la cifra que indicas.

Disfrútalo que para esto has estado tantos años deseándolo, y no pienses en otras cosas.


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  #30  
Antiguo 25/12/2016, 10:41
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Sportback Sportback no está en línea
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Modelo actual Porsche: 996 Cabrio
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Estupendo relato, de los que uno no quiere que terminen. Se nota en cada párrafo la ilusión por tu precioso 911 y tu pasión por la marca. Pero también está cargado de mucho sentido común y de filosofía de vida.
Disfrútalo y sonríe cada vez que lo arrancas, lo mismo que hago yo cada vez que oigo como se despiertan los 6 cilindros que llevamos detrás

Saludos!
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Mi 911 cabrio Triple Black http://www.soloporsche.com/showthread.php?t=83371
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